Andreu Vidal: “No podemos vetar la gasolina y pasar al coche eléctrico de un día para otro”

Si la aprobación de la Ley de Cambio Climático pasa por el consenso, el presidente de los concesionarios de automóviles va a tener que ser interlocutor obligado del Govern. No lo pondrá fácil: comparte el objetivo pero no los tempos.

21 03 2018/BALEARES/PALMA/FOTÓGRAFO: JORDI AVELLË/ Andreu Vidal gerente de la empresa Autovidal

Andreu Vidal capitanea ASEDA y también su propia empresa, Autovidal, en plena era de metamorfosis. Asume que aunque la crisis rejoneó con dureza al sector, los supervivientes salieron fortalecidos. Aún a costa de haber tenido que dejar en la cuneta a trabajadores muy cercanos en lo personal -en un negocio más familiar que otra cosa en el caso de las Islas- y a profesionales que ahora se buscan la vida en talleres clandestinos.

Pregunta.- ¿El accidente de Uber demostró que el coche sin conductor aún queda lejos?

Respuesta.- Tardará porque tiene que vencer problemas legales y también éticos: un coche va por una carretera y se encuentra con un niño jugando con una pelota; el vehículo debe decidir entre dar un volantazo y matar al conductor o atropellar al niño. ¿Qué hará? La máquina no tiene instinto para decidir. No creo que sean una realidad antes de 15 años.

P.- ¿Para entonces el coche eléctrico ya será mayoritario?

R.- Creemos que en menos de 5 años será una opción de compra real y muy implantada. Y más en Baleares, que por las dimensiones de su territorio se adapta mejor. Hoy, las ventas todavía son testimoniales. Aquí suponen sólo un 0,5% del total.

P.- ¿El coche eléctrico nos acabará saliendo más caro?

R.- Nos acabará costando casi lo mismo. A día de hoy vale casi el doble pero tiene ventajas como el coste del mantenimiento. Por otro lado, la gasolina tiene una gran cantidad de impuestos y cuando desaparezca ¿quién los pagará? Esos impuestos deberán trasvasarse y sólo hay una forma: gravar la electricidad. También es verdad que los eléctricos hoy son mucho más caros, pero dentro de unos años, cuando esta tecnología se implante de manera generalizada, los precios también se irán equiparando.

P.- Así que a la postre contaminaremos menos por el mismo precio.

R.- Eso es, de manera que bienvenido sea.

P.- ¿Cree que el Govern se ha pasado de frenada con la prohibición del diésel y la gasolina?

R.- Yo soy conocedor de las tendencias del mercado y lo que no puedo hacer es ir contra su natural desarrollo, que es hacia el coche eléctrico. Y sobre todo, soy ciudadano de Baleares, por lo que obviamente estoy a favor de minimizar la contaminación. Estamos de acuerdo con el objetivo de la ley, pero un modelo de movilidad tan implantado no puede cambiar de un día para otro.

P.- ¿Las diferencias con el Govern y la nueva Ley contra el Cambio Climático son entonces solo de forma?

R.- Sí: estamos de acuerdo con el fondo y ayudaremos al Govern a lograr un objetivo que todos perseguimos. Queremos esta ley, pero no así. Así es inviable.

P.- ¿Cree que todo puede ser un globo sonda para tomarle el pulso al sector?

R.- No sé si es una estrategia o realmente un objetivo. Nosotros les plantearemos lo que pensamos y esperamos que nos escuchen. Una ley que no tiene el consenso de los sectores implicados está condenada al fracaso. Y no nos conviene a nadie que esta ley fracase. Por otro lado, el texto empieza diciendo en sus primeras páginas que «goza de un amplio apoyo social y de las patronales implicadas». No es verdad: no han hablado con ninguno de nosotros.

P.- ¿Lo del diésel no es un golpe de gracia a una opción que ya está despeñándose por sí sola?

R.- El 44% de los coches vendidos en Baleares en 2016 eran diésel. En 2017 pasó al 40%. Este año estamos en un 32%. Es decir, que va cayendo solo. Por tanto, ¿por qué has de prohibirlo? El diésel resultaba más económico antes pero esas diferencias han desaparecido. Además, el ratio balear entre diésel y gasolina ha sido siempre diferente al nacional: en el conjunto de España se vendía más diésel que gasolina.

P.- La propuesta de la patronal es la de jubilar la flota más antigua.

R.- Exacto. Lo que quiere el Govern es prohibir la circulación de los coches nuevos y no la circulación de los antiguos y más contaminantes. Es un error: si tú quieres eliminar la contaminación, elimina los coches viejos, que contaminan seis o siete veces más que uno nuevo.

P.- ¿Y cómo renovamos la flota?

R.- Hay que dar estímulos a la gente como el plan PIVE, que se demostró que funcionan muy bien. De lo que no soy partidario es de prohibir diésel y gasolina: prohibir debe ser la última opción. Hay que estimular el mercado para que el coche eléctrico sea una opción viable.

P.- ¿Cree que se culpa en exceso de la contaminación al automóvil?

R.- El transporte terrestre produce el 25% de la contaminación ambiental y sólo se va contra los coches, no contra otros como los barcos o los aviones. Es absolutamente discriminatorio.

P.- Defiende que el sector va a seguir acomodándose para equilibrar los costes. Las visitas al taller serán menos frecuentes. ¿Y por lo tanto más caras?

R.- Habrá menos reparaciones pero prácticamente todas serán electrónicas. El mecánico tendrá una formación tremenda. Un ingeniero electrónico no cobra lo mismo que alguien que te cambia el aceite. Si hoy se cobra la hora a 60 euros, la tendrán que cobrar a 120. Pero si la media de mantenimiento anual es de tres horas, entonces será de hora y media. Sí, todo se equilibrará.

P.- ¿La gente está volviendo a los talleres ahora que la crisis amaina?

R.- En un momento de crisis retrasas todo lo que no ves como imprescindible. Esto provocó un descenso en los servicios de posventa importante, que en estos dos o tres últimos años se está recuperando.

P.- Convénzame de que es mejor no decantarme por un taller clandestino más barato.

R.- Son malos para la economía y para la ciudadanía: cobran en negro, por tanto nada de IVA; pagan en negro a los trabajadores, que están desprotegidos; no hay selección de residuos, por lo que son más contaminantes. Debe haber una voluntad política para eliminarlos.

P.- Afloraron durante la crisis y siguen ahí. ¿Llegaron para quedarse?

R.- Eso parece. Los despidos que se producían llevaban a que estos mecánicos se tuvieran que buscar la vida para llevar comida a casa. Lo hemos denunciado porque supone una competencia desleal absoluta. Creo que debería hacerse un esfuerzo para erradicar este tipo de economía sumergida por el bien de todos.

P.- ¿Cómo ha cambiado la crisis a su sector?

R.- Radicalmente. En el peor momento de la crisis las ventas descendieron hasta un 60% de un año para otro. Todos los concesionarios ajustaron costes y estructuras: proveedores, alquileres… Y la última opción fue la de ajustar plantillas. Las empresas de automoción baleares son todas familiares y lo último que hacen es despedir trabajadores, pero al final no queda más remedio. Cuando ya no se pudo ajustar más, se planteó crecer en volumen, comprar otros concesionarios. Los pequeños acabaron cerrando y hubo una concentración en torno a los grupos más grandes.

P.- ¿Diría que la crisis les ha hecho más fuertes?

R.- Sí, las empresas que salieron de la crisis son empresas más fuertes: somos más sólidas porque facturamos más y porque tenemos mayor capacidad de negociación y el producto más diversificado.

P.- Con casi un coche por habitante en Baleares ¿se puede decir ya que hay saturación?

R.- La densidad de coches es elevada pero hay un problema de fondo. La población ha crecido un 40% en los últimos 15 años y no se ha hecho ni una sola carretera. Y no solo están colapsadas las carreteras, sino todos los servicios e infraestructuras porque no se han sabido dimensionar en proporción al crecimiento poblacional. La administración tiene por tanto una parte de culpa importante en esa saturación.

P.- ¿La solución entonces son más carreteras?

R.- No digo que se tengan que hacer autopistas por todo Mallorca, pero hay que redimensionar las que tenemos y hacer una serie de infraestructuras necesarias, como el segundo cinturón de Palma o el desdoblamiento de la carretera de Llucmajor a Campos.

P.- El transporte público sigue sin salir a cuenta…

R.- Es la otra causa de la saturación: los servicios públicos de transporte son muy malos. Yo ahora podría ir a Llubí en mi coche en 25 minutos, pero en transporte público podría tardar tres horas. Hay que acondicionar los transportes a las necesidades de la población.

P.- ¿Que parte de culpa de la saturación le otorga a los rent a car?

R.- Muchas veces se carga contra ellos pero es injusto: hoy, un día lluvioso de marzo, las carreteras están colapsadas a las ocho de la mañana y casi no hay turistas. Y en diciembre o febrero, igual.

P.- ¿La automoción tampoco escapa a la obsolescencia programada?

R.- Todas las piezas mecánicas y electrónicas tienen una vida útil limitada, como el propio automóvil. No es obsolescencia programada, sino que sencillamente por fatiga un motor deja de funcionar. Hasta donde yo sé no existe una obsolescencia programada -al menos deliberada- en el sector.

P.- ¿Cómo ha cambiado al negocio internet y la venta online?

R.- Es una tendencia clarísima del mercado. Lo cierto es que los compradores llegan al concesionario mucho más informados y eso se traduce en que los ratios de cierre están subiendo mucho: antes venían más visitas pero se cerraban menos ventas que ahora. Eso es porque la gente que viene ya está cribada: tiene una idea muy clara de lo que quiere. Y también se cierran muchas ventas a otros lugares por internet.

P.- ¿Se ha perdido trato con el cliente?

R.- No lo creo. En nuestro sector, el modelo y la referencia en cuanto a la interacción con el cliente es el de Apple, una empresa tecnológica que vende mucho por internet pero tiene sus tiendas físicas en las que la gente puede tocar y probar los productos. Lo mismo pasará con la automoción: convivirán los dos modelos, el digital y el físico.

P.- Las cifras dicen que seguimos siendo más del coche de segunda mano…

R.- Ahora mismo, se venden dos coches usados por cada coche nuevo. Creemos que esta diferencia se incrementará en los próximos años como en otros mercados como el americano, que es de cinco usados por cada coche nuevo.

P.- ¿Lo de los trucajes de Volkswagen es la punta del iceberg?

R.- Lo desconozco. Lo que sí es verdad es que las normativas sobre emisiones son muy estrictas y a veces el fabricante puede tomar una decisión así, lo cual no es deseable. Es una imagen muy mala para la industria.

P.- ¿En Mallorca se conduce tan mal como nos reprochan?

R.- Creo que los mallorquines conducen bien, pero es cierto que en verano hay mucha gente que circula sin conocer las carreteras. Eso puede influir en esa impresión.